

Planificación patrimonial y las
relaciones familiares, Part I
El valor de las reuniones familiares al pensar
en la forma de entregar un negocio a las generaciones siguientes.
En una reciente
reunión de la franquicia Juan Pérez Mall Pizza, sucedió algo
asombroso: los dos hijos que habían manejado con éxito el negocio
durante años, de repente se encontraron buscando trabajo. La madre y
dos hermanas habían votado por cortar abruptamente sus actividades, y
estaban contratando un nuevo equipo gerencial. La familia, que nunca
había sido precisamente unida, estaba ahora al borde del desastre, a
pocos años del deceso del patriarca. Al salir de la reunión, uno de
los hermanos le murmuró al otro: "creo que es hora de llamar a
nuestro abogado".
El dinero y la herencia son algunos de los temas más difíciles para
las familias. En la literatura sobre adicciones y otras disfunciones
familiares, los terapeutas de familia a menudo llaman a este fenómeno
"el elefante en la sala", expresión metafórica que se usa
para describir la situación en la que una familia se sienta alrededor
de la sala, mientras en el centro hay un enorme elefante del que nadie
hace mención. Lo mismo ocurre con el dinero y la herencia.
Este caso es el de la familia Pérez: el padre era un buen hombre que
trabajó muy duro toda su vida para levantar su restaurante, y llegó a
tener 10 restaurantes en Colombia. Él y su esposa tuvieron cuatro hijos:
dos varones que han trabajado en el negocio durante más de 20 años; la
tercera, María, una arquitecta casada con un cirujano estadounidense,
vive en Baltimore. Y por último, Sandra, quien nunca se casó, le es
difícil conservar su puesto, y vive sola en un pequeño apartamento en
Bucaramanga. María, Sandra y su mamá han sido muy íntimas. De igual
manera, los dos varones forman un buen equipo.
Poca atención se ha prestado a la planificación patrimonial. Hace unos
20 años, ante la insistencia de su esposa, el padre consultó a un
planificador patrimonial que le ayudó a redactar documentos para que
todo estuviera en regla, recortando lícitamente la mayor cantidad
posible de impuestos. Para el padre, la experiencia fue desagradable, y
más bien se concentró en no pagar muchos honorarios legales.
Nunca habló de asuntos patrimoniales con su familia, en la creencia de
que los celos y rivalidades de sus hijos tornarían improductiva toda
conversación. Su planificador patrimonial tenía una creencia similar
y, aunque no dijo nada abiertamente a su cliente, sugirió al patriarca
que sencillamente firmara su testamento y documentos patrimoniales y que,
a su muerte, el patrimonio se distribuyera entre los miembros de la
familia. En realidad, eso fue lo que sucedió. ¡Y qué desastre fue!
El padre había sido el elemento de cohesión familiar: era él quien
resolvía los problemas generados por la rivalidad entre hermanos, y
quien enviaba dinero a las hijas para ayudarlas con la manutención de
sus propios hijos. No tuvo ninguna charla significativa con su esposa o
hijos sobre sus deseos de conservar el negocio para la tercera
generación, ni sobre forma alguna en que a los accionistas que fueran
propietarios pasivos se les comprara la totalidad de su parte, si
ese fuera el deseo de ellos. No se le ocurrió que estuviera dejando a
sus hijos varones la enorme carga de tener que entenderse con sus
hermanas y madre como dueñas de un negocio por el que nunca se
interesaron.
La verdadera tragedia de este caso es que todo este problema podría
haberse evitado. Esta familia se rehusó a hablar del elefante porque
temía la aparición de más elefantes. Por tanto, los celos, el dolor y
los resentimientos crecieron hasta ocasionar la destrucción total de la
familia y del negocio. Si el planificador patrimonial hubiera insistido
en efectuar reuniones familiares con presencia del patriarca, su esposa
y sus hijos (y un competente consultor de empresas familiares),
fácilmente se habrían encontrado soluciones racionales para preservar
el negocio, la familia y la riqueza.
Obviamente, los planificadores patrimoniales ejercen un enorme influjo
en la familia. Cuando un negocio está involucrado, las relaciones y los
problemas financieros son aún más complejos. La clave es examinar las
necesidades no solo del patriarca, sino también de su esposa, de cada
hijo y del negocio. El planificador debe ser muy cuidadoso de iniciar
estas conversaciones cuando el patriarca está aún vivo pues, aunque
son sumamente delicadas, son parte de lo que puede preservar la familia
y el negocio.
Marc@sii-inc.net