

Creación de la junta de su negocio familiar
Las juntas directivas independientes pueden
ser una de las mejores cosas que le ocurran a una empresa familiar.
Es un hecho notorio que muchos negocios
familiares no tienen una junta, y que muchas compañías privadas y públicas
que sí las tienen frecuentemente las perciben como inefectivas. ¿Por
qué? ¿Deben los dueños de las compañías familiares invertir tiempo
y recursos en este asunto?
¿Cuál es el propósito de una junta? La mayoría de los expertos estaría
de acuerdo en que las responsabilidades de las juntas incluyen la
conformación de la visión y estrategia a largo plazo para la compañía;
la identificación de las principales amenazas y oportunidades; la
evaluación de fusiones, adquisiciones y ventas de ciertas divisiones;
la supervisión y evaluación de la implementación de la estrategia; la
contratación, evaluación y despido del CEO; la planificación para la
sucesión, y la conformación de relaciones externas. Las juntas
supervisan el desempeño legal y ético y ayudan al equipo de la alta
gerencia a lograr sus objetivos.
En el negocio familiar, yo argüiría que las juntas tienen una
naturaleza mucho más decisiva. ¿Por qué? Primero, porque por lo
general aportan al equipo gerencial un mayor conocimiento. Segundo,
porque estabilizan el negocio, debido a su actitud profesional
consistente en separar la identidad de la familia o del empresario, de
la del negocio. Tercero, porque disminuyen la dinámica familiar en
ciertas decisiones críticas; y cuarto, porque pueden profesionalizar la
sucesión, lo que por tanto, aumenta la armonía familiar.
Muchas compañías familiares encuentran que la creación de una junta
profesional, con combinación de directivos integrantes y no integrantes
de la familia, posibilita un pensamiento y unas decisiones más
racionales. Por ejemplo, en una compañía en la que el padre era el
presidente de la junta, el hijo mayor (de 50 años) ansiaba convertirse
en el CEO. El padre estaba orgulloso de su hijo, pero estaba descontento
con su desempeño en ciertas áreas decisivas. No obstante, siempre que
el papá confrontaba al hijo, él culpaba a algunos de sus gerentes, a
las condiciones económicas, etc.
Si el padre se rehusaba a promover a su hijo, podía perder no solo su
relación con él, sino también con la nuera y los nietos. Pero no
confiaba en el liderazgo de su hijo, situación que, por supuesto, el
hijo percibió en su corazón y en su alma.
Una buena junta directiva podría ser de gran valor en este caso pues,
ante todo, podría cambiar 'la decisión de papá' sobre la sucesión,
convirtiéndola en 'la decisión de la junta', lo que mantendría la
relación familiar, independientemente de la realidad del negocio.
Es obvio que este es solo un ejemplo, pero hay miles de negocios
excelentes y bellas familias que se han arruinado, o que solo han
crecido una fracción de su potencial real, debido a la falta de una
junta efectiva. Muchas juntas de negocios familiares son muy inefectivas
por la incapacidad de confrontar a los accionistas miembros de la
familia, o porque estos últimos se sienten temerosos de recibir
opiniones externas.
En un estudio reciente publicado por David A. Nadler en el Harvard
Business Review en mayo de 2004, se halló que aunque uno de los
principales criterios para determinar la efectividad de la junta era la
evaluación permanente, esto sucede muy poco. Las juntas efectivas
requieren tiempo, competencia y aprendizaje para crear una ventaja
competitiva y aumentar las utilidades.
Si usted no tiene todavía una junta, créela. Y si ya la tiene, insista
en la evaluación permanente. Podría ser lo más importante para su
negocio y su familia.
Marc A. Silverman
marc@strategicinitiatives.net
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